Una vez al año, necesito que algo cambie en mi vida para sentir que avanzo y que soy capaz de alcanzar metas. He vivido en el extranjero, me independicé, conseguí un trabajo de oficina, volví a estudiar y conseguí vivir sola.
Llevo casi lo que va de 2022 pidiendo el mismo deseo a las pestañas cuando se caen: que vivamos juntos. Lo único que cambiaba era el matiz final: "a final de año, para mi próximo cumpleaños...". Estoy a tan solo unos días de que se haga realidad.
Tengo miedos de mí conmigo: ¿podré volver a compartir piso? ¿Seré tan maniática como mi madre? ¿Me comportaré igual que la última vez que conviví en pareja? Sé que las respuestas son "sí, no y no", pero siguen resonando en mi mente como el estribillo de una canción. Dentro de mí, y con la objetividad encendida, sé que va a ser una de las experiencias más maravillosas de mi vida. Nunca he estado tan segura de algo en mi vida y estoy convencida de que él y yo vamos a ser los mejores compañeros de piso posible.
Todavía quedan un par de meses para cambiar de trabajo, que quizás es lo que más necesito a nivel físico-anímico-mental ahora mismo, pero supongo que mejor adaptarse a un cambio a la vez.
Por último, quiero dejar aquí la frase que me dejó escrito en la pizarra antes de irse el último fin de semana que pasó aquí: La próxima vez que venga a esta casa podré decir que es mi casa, pero hace mucho que puedo decir que es mi hogar.
Comentarios
Publicar un comentario